No podemos fiarnos de nadie en las costas del viejo Mare Nostrum, desde Grecia hasta nuestra tierra la cultura del divertimento humano a base del sufrimiento de otros animales se ha visto llevada a su máxima expresión en la práctica del puenting con cabras, pero los mismos que protestan en contra de estas barbaridades fomentan y con mucha fuerza en los últimos años la cultura gastronómica mediterránea donde de nuevo los vegetales vuelven a ser las víctimas silenciosas de la masacre. Nadie llora cuando un tomate es travesado por un tenedor, o lo enbadurnan en vinagre o sal, en cambio si le clavan a un toro una espada o le meten ceras en los ojos hay miles de voces que protestan desde sus webs,  manifestaciones por las calles y hasta se plantan ante un juez.

En cambio si un vegetalista protesta se ríen de él en su cara como cuando lo hacían los primeros defensores de los derechos de los indígenas en África en la era imperial colonial. ¡Una lástima! pero el tiempo nos dará la razón.

Por último, para quien no nos crea de que vamos en serio, aquí tenemos imágenes del dasarrollo de la Campaña del Gatito Embotellado.

Hay más carteles en diversas plantas de los edificios y en las columnas de Reina Mercedes… ¡la lucha clorofílica no ha hecho más que empezar!

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